23 Abril 2009
Todo empezó con una llamada de teléfono. En ese momento creí que mi mundo se tambaleaba, al menos, el reducido mundo al que me intentaba aferrar como un desesperado. ¿Irme a Barcelona a trabajar y dejar Madrid? ¿Definitivamente? Me surgían mil y una preguntas. ¿He aprovechado todo lo que tenía que aprovechar esta experiencia? ¿He hecho todo lo que he podido? ¿He remado siempre hacia una dirección? ¿Me he dejado llevar por la corriente? No había tiempo de pensar al día siguiente viajaba para Tarragona. Unos días sin demasiados sobresaltos, un mensaje de móvil inofensivo y una respuesta ambigüa pero que a mí me sirvió para acallar mis remodimientos por no hacer nada.
Pero antes de volver a Madrid, esta vez una llamada inesperada me volvió a arrojar al abismo de las dudas: ¿Quieres probar un mes en Barcelona? Sí. No había tiempo para pensar. La experiencia de aprender otra forma de trabajar y descubrir una ciudad como Barcelona (muy presente durante toda mi vida a causa de la cercanía con mi pueblo, aunque no por ello dejaba de ser totalmente desconocida para mí), me hicieron dar el paso.
Primer día. Una redacción diminuta. Los saludos de rigor con mi delegado para las siguientes cinco semanas. Nos ponemos manos a la obra. Unas cuantas indicaciones del funcionamiento. Aquello no iba a ser muy difícil. Y en medio de las explicaciones, aparece la primera cara conocida. Nos vamos corriendo al primer tema. Unas cámaras de videovigilancia de "pega" que un vecino había instalado en la pared exterior de su casa. Harto de que jóvenes borrachos y "yonkis" dejaran su calle heha unos zorros, rebosante de orines y basuras, decidió tomarse la ley por su cuenta. Esa fue mi primera toma de contacto con la cámara. ¡Menuda responsabilidad, mis primeros planos iban a ser emitidos!
Después llegaron otros temas: las motos Impala, los músicos de youtube (mi primer tema en Barcelona), la entrevista a un alto cargo de la "conselleria de Medi Ambient", la muerte de Rubianes, las preguntitas a Buenafuente, el día de las enfermedades raras y alguna cosilla más que seguro de me escapa a causa de la tiranía de la memoria desmemoriada. De cómo me sentí en los primeros días creo que se podría resumir en dos palabras: mucho trabajo. Nunca habría pensado que se trabajara tanto aquí. Se podría decir que el coche es nuestra segunda redacción. Y nuestra primera, la calle. La que forma parte de un edificio y cuenta con mesas, ordenadores, teléfonos e impresoras, esa, no la pisamos. Creo que he encontrado la esencia del periodismo que esta cadena puede ofrecerme, la calle. Viajar, hablar, ver, experimentar. Y todo eso para luego volver a esa redacción que no pisamos, para configurar nuestros propios reportajes. O como diría un reciente buen amigo, para ser mercenarios de Madrid. Es cierto que a veces puede uno sentirse frustrado por hacerle el trabajo a otros. A nadie le gusta realizar un "curro" de agencias, pero en este momento siento "que ellos se lo pierden, yo he estado ahí".
Bueno, qué puedo decir de mi nuevo "hermano" (ésto es sólo para iniciados en comprender mi vida). Es un tipo genial. Hay que ver la de veces que me he podido reír con él. Otras he sufrido al ver como se desenvuelve en según que circunstancias. No puedo con el cigarrillo entre plano y plano. O entre entrevista y plano. O su "hay tiempo de sobra". Quizá su carácter más pausado, del que sabe y además asimila que al final de mes va a cobrar lo mismo, se esfuerce al máximo o no, se complementaba bien con mi hiperactividad. Por otra parte, creo que no he conocido a otra persona más salida, sin contarme a mí claro. Pero lo mío es más necesidad que lo suyo que es pura gula. O como le gusta decir a él: "que me haya quedado llego no significa que no pueda ver la carta de postres". Sus aspiraciones de Carlos Saínz en plena carrera cronometrada a veces me pusieron al borde de un ataque de nervios. Sus "paellas", que no significa nada culinario sino sus trompos y sus cogidas de curvas cerradas a mucha más velocidad de la recomendada, ponen del revés al más pintado. Aunque su forma de ser, noble, atenta, amistosa y sin aires de grandeza bien valen que diga de él que es un buen compañero. Que en los días que corren..., más de uno se daría un canto en los dientes si oyera decir de él lo que yo digo de mi "nuevo hermano".
Eso de "nuevo hermano", es complejo de explicar. No es que cuando hablo de hermandad me esté refiriendo a que formemos parte de una secta, sino que nos identificamos con una forma de pensar. Ésta tiene curiosamente, a las mujeres guapas y a la fiesta como base de su filosofía. Bien. Me acuerdo ahora de algunos temas que he hecho con él: la crisis de la madera, los molinos de viento, las cerezas glamour, el deshielo, la sonda espacial hecha por estudiantes, el slowfood, la torre Agbar.
Cientos y cientos. También podría decir, miles y miles de kilómetros recorridos a bordo de los seat León e Ibiza. Los bautizados por mí como los segundos "Cutrunings", los coches que llegan al destino antes de haber salido.
Durante este tiempo siempre ha habido tensión. He llegado a no poder dormir bien por pensar que llegaría el momento de hacer un directo. He llegado incluso a soñar con el trabajo y a no lograr descansar por ese motivo, dándole vueltas a los reporajes. He cerrado varias veces la delegación. He llegado antes de hora para que no me pillara el toro con reportajes. Ha habido dos momentos críticos de los que ahora me acuerde. La primera semana que me tocó con el hermano. El lugar, el salón Barcelona Degusta. Después de estar toda una tarde grabando sin saber lo que queríamos, o mejor dicho, lo que él quería, llegamos al coche, llamamos a Madrid y nos echan la bronca. Resulta que no habíamos hecho lo que ellos nos habían pedido. Y lo peor es que tenían razón. Ese fue el único momento en el que no he defendido, durante todo este tiempo, la forma de trabjar del hermano. Para intentar solucionar el entuerto, me las ingenié para hacerme una paja mental. Buscamos a dos madres y dos chicas, las llevamos a que probaran varios platos para escenificar el desacuerdo entre los gustos entre padres e hijos. Y luego, como no, la dieta mediterránea como el lugar de unión y comunión. Curiosamente, ese reportaje lo locutaron en Madrid. Ella se llevó los laureles de salir en televsión por ser mujer, yo la satisfacción de haber solucionado un problema. Una grabación de una hora, con una historia más o menos potable, y para ser emitido la misma mañana.
Lo más peligroso, subirme a la "azotea" de un molino de viento a más de 60 metros de altura para hacer una medianilla. Ésto fue en Reus, en un campo eólico. No sé si será periodismo o no, pero ésto, ésto es lo que quiero hacer y no estarme en la redacción.
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24 Marzo 2009
Gente... Mucha gente. Todo se convierte en un estruendo de conversaciones que no llego a entender. Los gritos, palabras, ruidos se superponen como si se tratara de una de esas canciones de Girl Talk. "Mash up" creo que se llama. Con la diferencia claro que la melodía resultante consigue producirme un intenso dolor de cabeza. Pasos, vuelo de faldas largas, de volantes increíbles. Tacones a juego con los trajes de fallera. Valencia palpita. La sangre compuesta por estos cosmopolitas del levante corre por las calle y principales avenidas de esta ciudad naranja. Y de repente, la corriente me lleva hasta esas ingeniosas construcciones hechas de "poriexpan". Claro, eso según un amigo. Creo recordar que es Miguel. "No veas eso lo que contamina, men". Debe ser... Pero a mí, que me llamen anti ecologista o lo que quieran... Pero lo que me parece más peligroso de esas torres de "babel", es que se encuentran tan espantosamente cerca de los bloques de pisos y áboles, que a uno se le pone la piel de gallina. Por mucha manta ignífuga que pongan, y mucho cuerpo de bomberos que venga a luhar contra las llamas, me parece poco probable que algo en Valencia no acabe chamuscado la noche de la "Cremà", a parte de las fallas claro.
Políticos, deportistas, estrellas de la gran pantalla y personas anónimas sospechosamente familiares... Son los protagonistas de las fallas. La crítica aguda, el sarcasmo más afilado y ese arte tan nuestro de poner verde al más "pintao", priman en esta fiesta sobre todas las cosas. ¿Sobre todas las cosas? No. Perdonen mi despite... No hay nada en Fallas que haga callar a los omnipresentes petardos. Las mascletàs parecen obra del mismísimo diablo. Un ruido atronador invade la plaza del ayuntamiento. El miedo de los novatos en estas lindes hace poner en duda el alambrado que rodea a todos esos kilos de pólvora. Kilos y kilos de material inflamable y explosivo que esperan su particular San Martín. ¡Hay que ver qué valor el del maestro pirotécnico! Eso es lo que pensé después de que una amiga me dijera que de encender los petardos por ordenador nada de nada. Que se meten dentro de ese "campo de minas" y encienden una a una las ráfagas de truenos que luego pondrán el pulso del personal a cien por hora. ¡Menudo espectáculo! Aconsejan mantener la boca abierta para evitar problemas de oído. Será. Pero que no les vengan con cuentos. Si uno se queda en Valencia con la boca abierta sólo sucede por dos razones. O es que usted se encuentra en plenas Fallas, o es que acaba de ver lo que le ha costado una paella en el paseo marítimo "ché". Que por cierto no hay para tanto. Madre mía, que buena está tu paella de mar y montaña.
Pero si la gente, el ambiente, las fallas y los trajes no me hubieran dejado patente ya que la ciudad estaba de fiesta y que por consiguiete cualquiera que se encontrara entre sus delimitaciones también lo debía de estar, las charangas que pasaban puntuales como escuadrones de la muerte bajo mi ventana, me lo acabaron de conrfirmar. Una dura mañana después de una noche de emociones y buenos sentimientos. Paco, Diana, Cris, Vero, Mariana y algunos más. El ambiente inmejorable. Las noticias buenas aunque no por ello un poco sorprendentes. Que puedo decir más que el amor se encuentra, no dónde uno quiere o piensa, sino donde el amor le encuentra a uno.
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24 Marzo 2009
Mirad lo que he recuperado buscando entre mi lista de borradores. Se trata de un texto escrito cuando estuve en Irlanda el pasado verano. Releyéndolo, me parece que transmite una fuerza increíble. Supongo que se trata del reflejo de los momentos que viví en ese extraordinario país.
Me resulta un poco difícil encontrar las palabras para empezar este post. Después de tanto tiempo en silencio se me hace un poco cuesta arriba. Aunque voy a intentarlo. Veamos, creo que la mejor forma de empezar es explicar donde me encuentro. Exactamente estoy enfrente de la pantalla del ordenador del salón de estar de un "hostel" llamado Abigails, en en corazon de Dublin. Exactamente son las 00:53 de la madrugada, una hora menos en España, dos menos en las Islas Canarias. La situación del local es en Aston Quays, calle que da al Luffey, el río que cruza Dublín. En el salon, estamos solo el recepcionista y yo. En el comedor, un grupo de chicos armando jaleo.
Ésta es la última noche que pasaré en Irlanda, al menos por el momento. LLevo casi dos semanas en este país y parece que fue ayer cuando me metía en el autobús del Aeropuerto de Dublín camino a Galway. Ciudad cultural irlandesa por excelencia que se sitúa en la costa occidental de la isla. En estos a penas 14 días, he aprendido lo importante que es para una personas salir de su ambiente habitual y enfrentarse a situaciones y entornos nuevos a los que no esta acostumbrado. Ha sido la primera vez que he viajado al extranjero para estudiar Inglés. También ha sido la vez que más tiempo he pasado en otro país. Para mí ha sido fácil adaptarme al estilo de vida irlandés. Levantarme a las 7.30. Bajar a desayunar a las 8.05. Desear buenos días a Celia, mi "Host-mum" (la dueña de la casa en la que he vivido todo este tiempo) y tomarme mis dos tostadas con mantequilla, un tazón de Crispis y una taza de técon una gota de leche. Luego salir a toda prisa hacia la parada de autobús y encontrarme con la siempre sonriente Giovana. Giovi, así es como quiere que le llamen de forma cariñosa sus amigos, es italiana y tiene treinta y tantos. Es una mujer, ya lo he dicho, soriente, alocada y posee un corazón de oro. Aunque insiste en decirme que es muy débil y que en su eterna búsqueda, espera encontrar a su príncipe azul.
Meto la mano en mi bolsillo y saco varias monedas. Creo que hoy no tengo los 1,50 euros que necesito para coger el autobus. Giovi, ¿me dejas 50 centimos? El autobús arranca y comienza un día nuevo. A través del cristal vemos la playa, el mar y algunos locos que están nadando en las gélidas, para mí, aguas del océano atlántico. Hablamos de todo. De lo que hemos cenado, de la party del día anterior, de las clases, de "Pelotone", de la vida, del amor y de lo que vamos a hacer esta noche... No hay tiempo para más, su parada llega pronto y ella se baja del autobús. Con una mano coge el mp3 y con la otra se pone los cascos. Suena Madona y su particular función acaba de empezar...
Para mí el camino sigue unos minutos más. Veo caer las gotas de lluvia a través de la ventana. Hoy el dia ha amanecido soleado pero la lluvia ha vuelto a hacer acto de presencia. Típico por estas latitudes. En un mismo día, el irlandés medio puede experimentar todo tipo de condiciones meteorplógicas: sol, lluvia, frío, calor... Lo único que se puede decir del tiempo en Irlanda es que es cambiable. Bueno, y un poco toca pelotas también... Hoy no veo a nadie mas conocido dentro del autobús. Abdul, natural de Qatar, Arabia Saudí, no se ha levanado a tiempo para su primera clase... Cremallera hacia arriba. Me abrocho la chaqueta y me coloco la capucha. Me despido del conductor y pongo un pie en Eyre Square, la plaza central de esta bonita localidad. En ella abuda el verde. A modo de alfombra natural, el cesped se extiende en gran parte del espacio. Una fuente compuesta por varios chorros de agua y una estatua futurista adornar el escenario. También la embellecen una antigua fachada de un edificio que, a modo testimonial, permanece en su lado mas meridonial.
Por las mañaanas Eyre Square se llena de vida. Estudiantes de todas nacionalidades cruzan sus pequenas calles y tratan de desperezarse para atender a su primera hora de Inglés.
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26 Enero 2009
"Un cambio de aires, eso es lo que necesitas", decía convencida su amiga. "Ahora que te has quedado sin trabajo, y tal como están las cosas, ¿porqué no te haces un viaje por el extranjero?". Yo a tu edad ya llevaba casi un año en Suecia". El chico se quedó pensativo. Nunca se había obligado a sí mismo a pensar qué era lo que realmente quería hacer en la vida. Quizá por miedo a crecer. Quizá por un complejo de inferioridad que le impedía tener conciencia de que él también tenía personalidad. "Es demasiada la presión", pensaba para sí, mientras su amiga no paraba de hablar cosas que él hacía rato que había dejado de escuchar. Era cierto que siempre se había querido distanciar del dolor humano. Y por tanto, también de abrirse completamente a la vida. Se creía diferente al resto. Nunca habia fumado, nunca se había drogado. Incluso se podía contar las veces que se había emborrachado en serio con los dedos de una mano. Por ello, se creía superior al resto. Quería aparentar que estaba de vuelta de todo, y de todos. Quería ser el hombre de hielo, el que no se deja afectar por nada. El que no cree en el amor. El que siempre está ocupado, o dice que está ocupado. El que antepone siempre el trabajo a su vida. El que siempre quiere acabar pronto una noche de juerga. El que nunca decidirá ir a un concierto de música. O a un cine. Aunque claro, todo era fachada. Eran muchos los momentos en que este superhombre, preparado para todo, que parecía tener siempre las cosas claras, empezaba a desmoronarse como un casitllo de naipes.
"¿Porqué me he ido de esta forma?", pensaba mientras andaba camino a casa estremeiéndose por un intenso frío que le recorría todo el cuerpo. "Ha sido un acto reflejo", intentaba convencerse. Lo cierto es que había dejado a sus amigos con la palabra en la boca, para salir pitando del bar. ¿A dónde? A ningún sitio en especial. Nada ni nadie le esperaba en casa. Tan sólo su deseo por escapar a cualquier sitio. Sin rumbo, sin dirección. Incapaz de disfrutar de los momentos. Ansioso por tener siempre algo que hacer, aunque no hubiera nada a la vista.
Hacía tiempo que la buscaba. Aunque no sabía que cara tendría. ni que color de pelo, ni que forma tendrían las líneas de la comisura de sus labios cuando esbozaba una sonrisa. No sabía nada de ella y sin embargo sentía que le hacía tanta falta. Se estremecía al pensar que lo que sentía era como si confiara todos sus ahorros a un desconocido. Reservaba la felicidad para cuando la encontrara. Mientras tanto, la vida continuaría siendo plana. Sin subidas ni bajadas. Como ese célebre encefalograma plano de Urgencias. Pero, ¿quién sería tan loco como para apostarlo todo a un carta? Y no una carta cualquiera, una que ni había visto, tocado, ni por supuesto, había jugado antes con ella. Esperar a que ella apareciera para que la vida llegara a ser completa era una quimera. Muchas habían sido sido la veces que creía haberla encontrado. La nueva compañera de trabajo, la chica del bar, o la chica con la que accidenalmente había cruzado la mirada al coger el metro. Resultaba patético verle buscar y buscar. Mantener la mirada. Insinuarse. Siempre esperanzado. Siempre deseoso por hallarla y sin embargo, sin llegar nunca a encontrarla.
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30 Diciembre 2008
Después de casi 13 meses trabajando en LOCALIA, hoy se ha emitido mi último reportaje en los Informativos de televisión con difusión para toda la Comunidad de Madrid. Trataba sobre algunos consejos útiles para tratar de evitar realizar compras compulsivas y también explicar cuáles son nuestros derechos como cosumidores. Un minuto y treinta y ocho segundos de duración de imagenes y sonido. Así podría decir que ha cocluido mi círculo vital y laboral en la que considero escuela de escuelas. Me siento afortunado por haber podido trabajar en esta cadena, y sobre todo, por haber podido aprender.
Esta mañana, como si de un ritual se tratara he cogido la cámara de fotos digital con el objetivo de hacer algunas fotografías de personas y lugares que quiero recordar de este periodo. Después de la rueda de prensa y de decidir que no iba a hacer ninguno de los temas de los que se había habaldo, empecé a interesarme por los consejos navieños. Cuando me dirigía a realizar la entrevista en la Concejalía de Salud y Mercados de Alcorcón, sabía que iba a ser la última. Así se lo he comentado al concejal quien me ha intentado dar ánimos y me ha deseado lo mejor, como es habitual en esas fechas. No ha sido casualidad pues, que durante los minutos en los que han durando las preguntas, me sintiera extraordinariamente cómodo e intentara alargar una entrevista que podría haberse resuelto con tres respuestas.
Después, como cualquier otro día me he empezado a estructurar la pieza informativa. Tiendas, testimonios, planos que aportaran mucho significado para poder transmitir nítidamente y sin intererencias el mensaje del reportaje... A medida que ibamos grabando, el tiempo se detenía y la aguja del reloj parecía hacer su habitual camino pero esta vez a la inversa. No me ha importado acabar cerca de la una de la tarde enfrente del ayutamiento y con una idea en la cabeza, más propia de un adolescente: "Javi,-le he dicho a mi compañero cámara-, te voy a grabar despidiéndote de Localia. Luego ha venido el testimonio de un hombre espontáneo que nos ha dado su apoyo para los trabajadores. Y finalmente han llegado mis agradecimientos al tercer o cuarto miembro desconocido de Localia Alcorcón: el citroën C2.
La jornada a transcurrido como debía. Un intento fallido de comer fuera en grupito. Vuelta al Chiringuito y a mi bocadillo de lacón. Tertulia en el office con los pocos que quedamos y vuelta al curro. Hoy con el apremiante de que he recibido la visita de mi amiga italiana: Giovana. Por cierto, que ha sido la única visita que he traído a la redacción, y vaya un día para hacerlo, nada más y nada menos que la vigilia del día D.
Definitivamente, un minuto y treinta y ocho segundos resume mi paso por la redacción de Localia Madrid. Cosa que me hace pensar en que muy pocas cosas se pueden explicar en tan poco tiempo. Así que seguiré rebuscando en mis archivos otros reportajes para recordar que como dijimos en la fiesta, "siempre fuimos los mejores".
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28 Diciembre 2008
A veces te das cuenta que realmente eres más vulnerable de lo que pensabas. Son momentos en los que uno debe de recapacitar y pensar en lo qué ha sucedido para que se haya llegado a este punto.En mi caso, a menudo suelo llegar a la conclusión de que el error está en pensar en: antes bien y ahora mal.
Si ahora las cosas no van como debería ir es porque antes seguramente no iban tan bien como pensaba. Aunque nos empeñemos en creer lo contrario. Eso significa que como dice el anuncio, hay que volver a repensarlo todo. Volver a hacerse los esquemas de nuevo. Y esta vez, intentar que los cálculos sean más correctos que los anteriores. Y todo esto porque hay que tratar de evitar que la inestable torre de naipes vuelva a derrumbarse.
Como buen arquitecto de mí misno, tengo que valorar muchos elementos: el peso, el equilibrio, el número de columnas; y realizar complicadas equaciones sobre resistencia y fuerza para que se mantenga todo el entramado. Arduo trabajo visto desde el suelo. Pero cuento con un as en la manga. Las más revolucionarias teorías sobre la física y los mejores arquitectos están a mi completa disposición para crear un nuevo yo. Alguien dijo una vez crisis es igual a oportunidad.Tengo la oportunidad de volver a ver la torre desde arriba y mirar hacia a bajo.
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26 Diciembre 2008
13 de noviembre, un mal día para ser pediodista. Hace tiempo que sabemos que Localia TV cierra el 31 de diciembre. Estamos enterados desde hace algo más de un mes y medio. Aún así, puedo asegurar que duele. ¿Cómo sucedió todo? Fue tan simple como trágico. "Puede que esto cierre antes de lo que pensamos..., puede que a finales de año". Esas inocentes palabras salieron de la boca de nuestro queridísimo representante sindical, en el ofice, donde hacemos nuestras comidas comunales. Yo, sin inmutarme en ese momento, seguí comiendo pensando en el trabajo del día que me quedaba por delante. Tres días después, una llamada de teléfono me dejó claro cuál era la situación: "¿Qué se ha dicho en la reunión?". "Que esto se cierra a finales de año". A veces, es imposible que el ser humano interiorice algunas noticias en el mismo momento en el que las conoce. El cierre de Localia fue una de ellas para mía.
El mismo día por la noche recibí la llamada de una compañera de EFE: "Oye que me he enterado de lo de Localia, ¿cómo estás?" También los diarios digitales se hacían eco de ésta la noticia, que en este caso, era involuntariamente protagonizada por nosotros, los "curritos": "Localia cesa de sus actividades". El comunicado de la empresa esgrimía varios motivos que justificaban el cierre: "la situación económica española, la crisis publicitaria en el sector y la existencia de dificultades e incoherencias en el marco audiovisual español y la arbitrariedad politica en el proceso de concesiones de licencias". Traducido al lenguaje llano, que Localia cierra porque PRISA tiene una deuda que quita el hipo y ha decidido vender las empresas de su imperio que no resulten rentables. Además en el comunicado tuvieron la delicadeza de hacer referencia, de forma discreta, a doña Esperanza Aguirre, artífice máxima de que por aquel entonces (13 de noviembre) Localia no dispusiera de licencia para continuar emitiendo en digital, una vez llegara el apagón analógico. Ahora como todos sabemos y tras sentencia judicial, el concurso de licencias debe ser repetido. A pesar de ello Localia tiene ya su sentencia de muerte: 31 de diciembre.
La verdad es que hay un antes y un después del día D, o sea 13 de noviembre. Charlas con los jefes. Charlas con los trabajadores. Charlas entre amigos. Comentarios:. "Para lo que me queda en el convento me cago dentro" Chistes: "Nos quedan dos telediarios o me han dicho que me puedo coger todos los días libres que quiera, pero en Enero". Y por supuesto, fiestas de despedida con visitas de "exlocalios" incluídas. Todo se ha ido acumulando y sucediendo en el tiempo de una forma apresurada e inquietantemente tranquila. La verdad es que la sensación entre los trabajadores es de resignación. Sabíamos que estábamos trabajando en una "tele" sin futuro, sin licencia. Estábamos al tanto de que el verano de 2009 podía ser el punto de inflexión. Pero desde luego, no esperábamos tomarnos el turrón con la "carta de cese de actividad", entre las manos.
A pesar de que muchos puedan pensar de que a partir del momento en que nos comunicaron que "esto se iba al carajo", los trabajadores en general nos íbamos a relajar, no ha sido así. Totalmente al contrario. Puedo asegurar que todos hemos continuado trabajando como cualquier otro día. Nos hemos dejado la piel hasta el último minuto. Y creo que el motivo por el cuál no nos hemos desmoralizado ha sido, principalmente, que todos los que formamos parte de Localia, no sabemos hacer las cosas mal (por lo menos por propia voluntad). Hemos seguido con nuestros "A pies de calle" y con nuetras piezas de cultura, religiosamente. Con nuestros varios viajes al día a Alcorcón, Getafe, Leganés, Alcalá o Móstoles. Hemos continuado trabajando tal y como lo hemos hecho durante todo este tiempo. Como desde el primer día en que cada uno de nosotros pisamos la redacción de Gran Vía, 32 por primera vez.
Lo mejor la gente...
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1 Noviembre 2008
Imaginemos. Una mujer sale de su casa camino a su trabajo. Para un taxi que la debe de llevar hasta el otro lado de la ciudad. Durante el recorrido el taxista le pregunta: ·Periodista, ¿verdad? Ella gesticula que sí con la cabeza. Es la forma tan peculiar que tiene de leer el periódico, contestar al teléfono, apuntar en la agenda y tomarse el café para llevar, todo a la vez...
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