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La Coctelera

unrincondemadrid

12 Marzo 2007

Atocha

Atocha es uno de los puntos de comunica-ción más importantes de la capital. Construida en 1851, su primer nombre fue Estación de mediodía o del sur. En la actualidad recorren sus andenes miles de personas cada día, la mayoría con prisa. En el mismo lugar confluyen: trenes de cercanías, trenes de medio y largo recorrido y la línea 1 de metro. Todos salen y llegan a Atocha con puntualidad. En Madrid, por extraño que parezca, Renfe es puntual.


Exteriores de Atocha.

La primera vez que uno llega a la Estación y decide visitarla, se queda boquiabierto, sobretodo si no se está acostumbrado a las grandes urbes y concentraciones. Si llegamos en tren, por ejemplo, en uno de cercanías, la primera sensación que experimentamos es que nos encontramos en un enjambre de abejas del que desconocemos sus leyes, y por supuesto, y también sus salidas. Un gran número de andenes y vías de tren se extienden a lo largo de un grandísimo espacio entrecortado por escaleras mecánicas. Y sobretodo, el sonido ensordecedor de los viajeros que pacientemente esperan la llegada de su tren consigue aumentar la percepción de que nos encontramos en una gran metrópolis.


Vista del interior de Atocha.

La perplejidad continúa cuando nos dirigimos al cuerpo de la estación. Ante nosotros vemos un sinfín de escaleras mecánicas y de accesos por los que los madrileños, bien enseñados del camino que deben seguir hacia sus puestos de trabajo, suben y bajan sin titubear. Quedando poco ya para coronar nuestra escalera, empezamos a escuchar el ensordecedor sonido del murmullo de una multitud y el taconeo del miles de pasos a paso ligero. Gente arriba y abajo. Gente delante y detrás de nosotros, Gente que se nos cruza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Por un momento nos quedamos quietos, inmóviles. Sin saber que camino tomar. Pero el lapsus no nos puede durar más que un instante ya que sólo el movimiento está permitido. Hemos de hacer una incursión entre las cientos de rutas invisibles que sigue la gente. Aunque parezca asombroso, los viajeros se cruzan y llegan a pasar tan cerca los unos de los otros que casi pueden oler el perfume del otro. Pero increiblemente, no se producen tantos choques o frenazos inesperados como se pudiera un imaginar. Parece como si hubiese un trazador invisible que programase las rutas de los viajeros de forma tal que cada uno llega a su destino sin sufrir ningún tipo de incidente. Igual que los controladores aéreos. Pero para que esto ocurra se hace necesario que nos pongamos en movimiento. Quedarse quieto significa romper esta dinámica, crear un error en el trazador de rutas. Nos puede costar más de un encontronazo o empujón. Además, el lugar nos pide movimiento.


Andenes de cercanías

Atocha tiene, a parte de un movimiento incesante casi las 24 horas del día, muchas más cosas. Tiene bares, restaurantes, tiendas de ropa y de deporte, quioscos, paraditas de bolsos, guantes y bufandas, tiene cafeterías y tiendas de chucherías. Cada uno de estos negocios está pensdo para que el viajero pueda mejorar su trayecto con sus servicios. Comprando el periódico del día, que luego nos hará más agradable el viaje, tomándonos un tentempié o un café calentito, adquiriendo la bufanda que te descuidastes en el tren... Pero además de todo esto, la estación cuenta con uno de los espacios verdes más curiosos de la ciudad. Se trata de un invernadero de árboles y plantas tropicales, que cuenta también con un pequeño estanque en el que sobreviven ranas y otros insectos. Este particular ecosistema logra mantenerse más o menos verde, gracias a un sistema contínuo de riego y a la exposición a la luz de varios focos. Resulta un lugar singular en el que detenerse y contemplar el respiro de este pulmón verde.


Invernadero de Atocha.

La alta velocidad también hace parada en Atocha. El AVE comunica Madrid con el resto de ciudades españolas y acerca en poco tiempo, lugares antes distanciados por muchas horas, incluso días. A la zona de embarque se accede por unas escaleras mecánicas que nos conducen a la planta superior, justo encima de invernadero. El cosmopolitismo ocupa todo el ambiente. Personas que viajan contínuamente. Ejecutivos enfundados en pulcros trajes, sujetando grandes maletines de piel. Mochileros que preguntan cuál es su andén en ventanilla. Parejas que se despiden. Hombres de negocios acostumbrados a viajar se disponen a tomar su enésimo tren, periódico en mano y con los cascos puestos. Se nota un estilo de vida que se mueve a unas cuantas revoluciones por encima del resto. Viajeros que están acostumbrados a estar hoy en Madrid, mañana en Barcelona y pasado en Valencia. Y la semana que viene, otra vez el mismo ritual. Gente que está acostumbrada a moverse contínuamente. Es el espírituo de Atocha, el movimiento.

Nuevos trenes Ave.

El once de Marzo de 2004 un atentado terrorista de Al-Qaeda en Europa, paró el movimiento de 192 personas. Paró también el movimiento de nuestra estación. La sin razón fue aquel viajero inmóvil que rompe con la trayectoria perfecta de las miles de rutas que cruzan Atocha. Tres años después, en ese mismo lugar, en esa misma estación, se abre al público un lugar dedicado al movimiento de las víctimas que perecieron. Es un sitio tranquilo, sin prisas, para reflexionar. Un lugar en el que inundarse de la luz que el el cubo de cristal proyecta sobre cada uno de los visitantes. El movimento aquí también está presente.

¡Atocha es movimiento, Atocha está viva!

servido por unrincondemadrid 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mrs_maggots

mrs_maggots dijo

Desde luego lo tuyo es el periodismo y la información.

Si hubiera tenido que escribir sobre Atocha, no hubiera pasado de las dos lineas. En principio detesto este lugar que es antagonico a mi percepción general de Madrid. Aborrezco todo lo que supone. Y me duele el 11-M. Pero por otro lado, me producen cierta fascinación los lugares donde la gente está de paso, como las estaciones de cualquier tipo de transporte. Pienso que en ellas la gente vive momentos importantes llenos de significado como despedidas, reencuentros, finales de trayectos, principios de etapas. Por ello para mi hay dos Atochas: la primera, la del cercanias, la diaria y cotidiana, la que aborrezco, la que tengo que soportar todos los dias para ir a trabajar, en la que estaré en unos 30 minutos, y la otra, la estación de trenes de larga distancia. Donde yo misma he vivido aquellos reencuentros y desencuentros de los que antes hablaba. En la que a veces me sumerjo para sentirme otra persona distinta, romper con la rutina del trayecto diario. Donde cada tren es un destino diferente, un proyecto en mi mente, una aventura por vivir. y donde, entre espesura verde, la cultura, la solidaridad, el arte etc hace acto de presencia a través de las diferentes exposiciones itinerantes que va acogiendo este lugar de extraños matices y de gente de todos los lugares.

besitos de mrs maggots

12 Marzo 2007 | 03:54 PM

Egoime

Egoime dijo

ODIO Atocha. Un lugar tan frío... una jaula de mil materiales distintos, llena de ruidos, y de gente demasiado ocupada cómo pararse a pensar si al de delante le ocurre algo, o ayudarle si no encuentra el lugar al que debe ir.

Pero este artículo habla de un modo tan... entrañable, en cierto modo, que creo que a partir de ahora podré pensar en Atocha de un modo más positivo..

24 Marzo 2007 | 02:14 PM

sinperdon

sinperdon dijo

Me parece muy bien todo, pero he aquí el lado amargo, experiencia propia.
http://www.lacoctelera.com/sinperdon/post/2007/02/21/estoy-vuelta...

26 Marzo 2007 | 10:18 AM

generic propecia

generic propecia dijo

Un lugar en el que inundarse de la luz que el el cubo de cristal proyecta sobre cada uno de los visitantes.

1 Febrero 2010 | 06:35 PM

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Sobre mí

¡Hola, que tal! Me llamo Diego. Soy un enamorado de Madrid, aunque muchos piensen que me he vuelto totalmente loco. Me encanta caminar por la ciudad, ver sus monumentos iluminados cuando cae la noche, recorrer las calles y caminos del Retiro, visitar los lugares de culto, pasar toda la tarde tapeando y sobretodo, mezclarme con gente de todo el mundo. ¿Os apetece que descubramos la ciudad juntos? ¡Vamos a ello!
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