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La Coctelera

unrincondemadrid

3 Abril 2007

Buddha del Mar

Para aquellos a los que les guste las grandes discotecas, el glamour y el ambiente del “famoseo”, ahí va una propuesta que les va a ir como anillo al dedo. El otro día estuve en la discoteca Buddha del Mar, a las afueras de Madrid (Kilómetro 8 de la carretera de la Coruña). Para quién no sepa de qué narices estoy hablando, una pista: es el sitio de moda de los futbolistas del Real Madrid, entre otros. A nadie se le escapará que con tan ilustres personajes, el lugar atrae, como es lógico, el interés de muchas jóvenes, casualmente todas de apariencia escultural. Las malas lenguas aseguran que para alguna de estas particulares buscatesoros, el sitio se convierte en su ligar de trabajo. Pero no es este el tema que nos ocupa hoy.

Como habréis adivinado la mayoría de los que estáis leyendo, el motivo decorativo de esta discoteca está basado en la imagen de Budha -Sidarta para los más entendidos- y otros símbolos relacionados con esta estética. Para empezar podemos decir que cuando uno está llegando en coche y alguien le indica la situación de la discoteca, -que por cierto, también es un restaurante kudeta-, la verdad es que uno se queda un poco incrédulo. Lo único que se ve es un caserón que bien podría pertenecer a una de esas lujosas urbanizaciones como las Rozas. Lo único que la identifica es un cartel de letras grandes en el que se puede leer el nombre. Pero por lo que se refiere a la arquitectura del edificio, nada parece indicar que se trate de una discoteca.

Buddha Grande

Estatua de Buda deBuddha del Mar.

Como la única manera que hay de acceder al local es a través de algún medio de locomoción (al menos desde Madrid capital), a cambio se ofrece un espacio no asfaltado, habilitado como parquing, justo enfrente de la puerta de entrada. No sé vosotros pero yo no estoy acostumbrado a este tipo de lugares... con tanto glamour y atenciones. Nada más llegar, se extiende sobre los pies de los "visitantes" una alfombra roja bajo una especie de soportal, a modo de un hotel de cinco estrellas. En los laterales, se aprecia ya la filosofía que va a imperar durante toda la noche. A lado y lado hay varias estatuas de budha. Sentado con las piernas cruzadas a modo de los indios del mejor western americano, con las manos sobre el su regazo, una sobre la otra, y sosteniendo en la palma, una vela encendida, dentro de una vasito de cristal transparente. Un foco escondido entre las ramas de los arbustos que le sirven de fondo, ilumina la cara y parte del torso. Junto a éstas, varia plantas de estilo oriental, de una extraordinaria frondosidad. Tanto, que parece que de repente nos hubiéramos transportado dentro de una auténtica selva del trópico asiático.


El personal de seguridad, hombres de grandes dimensiones, facciones duras, pero de trato amable y delicado, está apostado en la puerta. Una vez dentro, el visitantes se sumerge en el dulce aroma de las barritas de incienso al quemarse. Lo primero con lo que nos encontramos es con la terraza. Ahora, y hasta que el sol no empiece a caldear el ambiente en los meses de primavera, permanece tapada por un techo hecho de cañas y una sutil estructura de vigas de madera. La terraza consta de varias dependencias cuya estética se va repitiendo continuamente, a no ser por la incorporación de nuevos elementos, totalmente acordes con la filosofía del lugar. Los espacios son bastante ampliaos. Algunos alargados que confluyen en otros más cuadriculados.

Terraza Invierno
Terraza de invierno de Buddha del Mar.

Las paredes de la terraza están recubiertas por plantas que podrían asemejarse a lianas, con decenas de hojas de un verde intenso, que recorren toda la rama. Ésta parece surgir desde la altura del suelo para luego elevarse hacia el techo. Las paredes están llenas. Además, están iluminadas cada cierto tramo por focos escondidos entre la maleza. En conjunto, nos da la sensación de que nos encontramos en la cabaña de algún aborigen de la selva tropical. Luz tenue, vegetación y lugares oscuros en los que de un momento a otro parece que vaya a hacer acto de presencia un animal salvaje.
Abundan las mesas de madera sencillas. de un color marrón intenso. Son de formas cuadradas, un tablero en forma rectangular o cuadrada, sustentado por cuatro patas, también rectangulares y de madera. Encima de cada una de ellas, una vela, y en ocasiones más de una. En el espacio alargado de la terraza, las mesas están dispuestas a lado y lado.

Sala Pista Cueva

Pista deBaile de Buddha del Mar.

El ambiente es totalmente propicio para pasar una velada agradable y divertida. La sala principal, presidida por una enorme estatua de Budha, y con varias pantallas en las que se proyectan imágenes al son de la música, nos hace sumergirnos en un estado místico. El visitante podrá mover el cuerpo al ritmo del “pachangueo” más cuidado, con toques de música electrónica de importación. La bebida no es problema, las barras de bar se encuentran por todas las estancias de la discoteca. A bien seguro, nadie se quedará con sed en una noche que depende de vosotros hacerla mágica.

Por cierto, si sois de no salir demasiado, pero tenéis el don del buen comer, no os podéis perder Budha, pero en este caso, el restaurante. Un amplio espacio, lleno de mesas de madera rectangulares, queda sutilmente iluminado por la luz que desprenden varios candelabros y lámparas forradas con telas trasnlúcidas. Podéis encontrar el menú en la página web de la discoteca-restaurante.

Tanto si vais de día como de noche, no os podéis perder esta peculiar parte de la noche madrileña que, a bien seguro, recordaréis como ¡una anécdota curiosa!

servido por unrincondemadrid 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

CAROLINA

CAROLINA dijo

A MI ME ENCANTA EL BUDDHA, SOLO IR CASI TODOS LOS FINES DE SEMANA Y NO ME CANSO, ME ENCANTA EL AMBIENTE Y SOBRE TODO LA MUSICA. YO LA RECOMIENDO SOBRE TODO SI TE GUSTA EL HOUSE.BESS

9 Julio 2007 | 04:45 PM

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Sobre mí

¡Hola, que tal! Me llamo Diego. Soy un enamorado de Madrid, aunque muchos piensen que me he vuelto totalmente loco. Me encanta caminar por la ciudad, ver sus monumentos iluminados cuando cae la noche, recorrer las calles y caminos del Retiro, visitar los lugares de culto, pasar toda la tarde tapeando y sobretodo, mezclarme con gente de todo el mundo. ¿Os apetece que descubramos la ciudad juntos? ¡Vamos a ello!
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