Donde el amor le encuentra a uno
Gente... Mucha gente. Todo se convierte en un estruendo de conversaciones que no llego a entender. Los gritos, palabras, ruidos se superponen como si se tratara de una de esas canciones de Girl Talk. "Mash up" creo que se llama. Con la diferencia claro que la melodía resultante consigue producirme un intenso dolor de cabeza. Pasos, vuelo de faldas largas, de volantes increíbles. Tacones a juego con los trajes de fallera. Valencia palpita. La sangre compuesta por estos cosmopolitas del levante corre por las calle y principales avenidas de esta ciudad naranja. Y de repente, la corriente me lleva hasta esas ingeniosas construcciones hechas de "poriexpan". Claro, eso según un amigo. Creo recordar que es Miguel. "No veas eso lo que contamina, men". Debe ser... Pero a mí, que me llamen anti ecologista o lo que quieran... Pero lo que me parece más peligroso de esas torres de "babel", es que se encuentran tan espantosamente cerca de los bloques de pisos y áboles, que a uno se le pone la piel de gallina. Por mucha manta ignífuga que pongan, y mucho cuerpo de bomberos que venga a luhar contra las llamas, me parece poco probable que algo en Valencia no acabe chamuscado la noche de la "Cremà", a parte de las fallas claro.
Políticos, deportistas, estrellas de la gran pantalla y personas anónimas sospechosamente familiares... Son los protagonistas de las fallas. La crítica aguda, el sarcasmo más afilado y ese arte tan nuestro de poner verde al más "pintao", priman en esta fiesta sobre todas las cosas. ¿Sobre todas las cosas? No. Perdonen mi despite... No hay nada en Fallas que haga callar a los omnipresentes petardos. Las mascletàs parecen obra del mismísimo diablo. Un ruido atronador invade la plaza del ayuntamiento. El miedo de los novatos en estas lindes hace poner en duda el alambrado que rodea a todos esos kilos de pólvora. Kilos y kilos de material inflamable y explosivo que esperan su particular San Martín. ¡Hay que ver qué valor el del maestro pirotécnico! Eso es lo que pensé después de que una amiga me dijera que de encender los petardos por ordenador nada de nada. Que se meten dentro de ese "campo de minas" y encienden una a una las ráfagas de truenos que luego pondrán el pulso del personal a cien por hora. ¡Menudo espectáculo! Aconsejan mantener la boca abierta para evitar problemas de oído. Será. Pero que no les vengan con cuentos. Si uno se queda en Valencia con la boca abierta sólo sucede por dos razones. O es que usted se encuentra en plenas Fallas, o es que acaba de ver lo que le ha costado una paella en el paseo marítimo "ché". Que por cierto no hay para tanto. Madre mía, que buena está tu paella de mar y montaña.
Pero si la gente, el ambiente, las fallas y los trajes no me hubieran dejado patente ya que la ciudad estaba de fiesta y que por consiguiete cualquiera que se encontrara entre sus delimitaciones también lo debía de estar, las charangas que pasaban puntuales como escuadrones de la muerte bajo mi ventana, me lo acabaron de conrfirmar. Una dura mañana después de una noche de emociones y buenos sentimientos. Paco, Diana, Cris, Vero, Mariana y algunos más. El ambiente inmejorable. Las noticias buenas aunque no por ello un poco sorprendentes. Que puedo decir más que el amor se encuentra, no dónde uno quiere o piensa, sino donde el amor le encuentra a uno.
