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La Coctelera

unrincondemadrid

23 Mayo 2011

La revolución era esto

 Deciden buscar un lugar lejos del estruendo de la plaza donde puedan escucharse los unos a los otros. Allí, sentados en el suelo, con las piernas cruzadas, forman una redonda imperfecta. Y empiezan advirtiendo que el modus operandi asambleario no es perfecto, pero en su fuero interno piensan que es el más justo.

Cada uno se presenta y pone sobre la mesa improvisada, que es el duro asfalto de la calle, lo que puede aportar. "Soy Sergi y soy abogado penalista". "Soy María y soy abogada de lo Mercantil". "Soy Pedro y soy un ciudadano de a pie". Esta tarde la comisión jurídica debate cómo dar cobertura a los posibles detenidos en un hipotético desalojo de la plaza. Se habla de un número de teléfono de emergencia al que llamar en caso de ser necesario. Al otro lado del "hilo telefónico", tres abogados, a la cabeza de otros muchos, proporcionarán asistencia jurídica para aquellos que, en defensa de su indignación, han tomado pacíficamente Plaza de Catalunya y se resistan a abandonarla.

Tras las directrices de Pol, el moderador de la asamblea, las ideas y las propuestas van surgiendo y planeando en el aire de una clara tarde de mayo. Hay quien cree conveniente disponer puntos de reunión jurídicos de emergencia en previsión de un desalojo. Vía Laietana o el Eixample son las áreas estratégicas más convenientes. Con los brazos alzados agitándose en el aire frenéticamente se vota a favor. De mano en mano, se va pasando el tríptico con las indicaciones y consejos que todos debemos seguir en caso de que las fuerzas de seguridad decidan actuar. Comportarse de forma pacífica, quedarse sentados, o bailar un vals por pareja son algunas de las posibilidades ratificadas en asamblea general. Sobretodo, se desaconseja salir corriendo. Pero además, se debe pedir la identificación del policía que no vaya uniformado, o tener claro que no podemos estar retenidos más de 72 horas en comisaría. Pasado el tiempo de los turnos de palabra, acaba aprobándose, por la quincena de personas que estamos allí, la difusión de estas instrucciones por todo el campamento.  

Hasta aquí todo parece ir como la seda, pero este ágora griega parece encallarse en un mar turbulento de dudas cuando se plantea una cuestión sanitaria de gran importancia. Durante la noche anterior se había detectado la falta de al menos una dotación de los servicios médicos en las inmediaciones de la plaza. Una persona tuvo que ser evacuada de emergencia por un brote alérgico grave y esperar alrededor de la media hora, antes de que una ambulancia llegara y pudiera ser atendida. Al mismo tiempo, otra persona intoxicada tuvo que esperar 30 minutos más para que fuera asistida. ¿Hay que presionar a Ayuntamiento, servicios médicos y Generalitat para que tomen conciencia de que la responsabilidad última de lo que pueda suceder en el campamento recaería subsidiariamente en ellos? ¿Y de qué manera? Finalmente  se decide, de forma consensuada con la comisión de sanidad, reunida a escasos metros, la redacción de un documento que será remitido a las instancias competentes. En él se pondrá de manifiesto el riesgo al que deliberadamente se estaba haciendo caso omiso, desde las instituciones públicas, desde el inicio del movimiento de los indignados.

 

Difícilmente había constatado antes tanta voluntad para solventar las inquietudes y reclamaciones de la ciudadanía como hoy lo he hecho asistiendo a esta pequeña asamblea. Eso se debe al esfuerzo y empeño de personas anónimas que aportan día a día su experiencia al servicio común. Los debates y negociaciones son largos y agotadores. Son muchas las personas que aportan sus opiniones y propuestas. Y se pide que éstas sean constructivas. Si hay una virtud que pudiera definir el movimiento que empezó el 15M en Madrid y que ya se ha extendido por toda España es la paciencia. Aquí todas las voces son válidas, ya que a diferencia de lo que sucede en la política profesional, es en la calle donde todas son escuchadas. Sospecho que lo revolucionario de todo esto es precisamente recuperar algo que habíamos perdido, nuestro derecho a ser escuchados.

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¡Hola, que tal! Me llamo Diego. Soy un enamorado de Madrid, aunque muchos piensen que me he vuelto totalmente loco. Me encanta caminar por la ciudad, ver sus monumentos iluminados cuando cae la noche, recorrer las calles y caminos del Retiro, visitar los lugares de culto, pasar toda la tarde tapeando y sobretodo, mezclarme con gente de todo el mundo. ¿Os apetece que descubramos la ciudad juntos? ¡Vamos a ello!
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