Exit
Un viento gélido recorrió sus mejillas. Arrugó entonces la nariz y apretó los dientes haciéndolos chirriar de puro frío. No se había percatado de la llegada del otoño. Y aquella tarde había salido de casa sin la chaqueta. Deambulaba por las calles de la gran ciudad con la piel de gallina y sin rumbo fijo. No era la primera vez que huía de las cuatro paredes en busca de una calle llena de desconocidos que la acogiera. Mientras caminaba la ansiedad disminuía y la tranquilidad iba lentamente planeando sobre sus sienes.
Otra vez se encontraba en la misma situación de cada domingo. Su vida era un completo enigma. Como en la hora del patíbulo, el domingo siempre era el día en que ella misma se pasaba factura. ¿Qué hago con mi vida? ¿Soy consciente de lo que hago? ¿Qué quiero realmente hacer? ¿Por qué el resto de la gente es feliz? ¿Por qué me siento tan triste? ¿Encontraré algún día la estabilidad emocional? Estas cuestiones no hacían más qué ponerla en el disparadero y al borde de la desesperación en lo que, para el resto de los mortales, únicamente sería un plácido día de descanso. Pero para ella, la palabra día libre significaba el mayor quebradero de cabeza de la semana, ¡como si con el trabajo no tuviera ya pocos! ¿Cómo iba a llenar ese tiempo libre? Sentía que cada semana debía reconquistarse a sí misma. Cada siete días se repetía con voz hueca y para sus adentros quién era y qué era por lo que debía luchar. Pero como en aquel sueño recurrente la salida del "exit", no parecía estar cerca.
